jueves, 18 de septiembre de 2014

Publicistas sin escrúpulos

Cuando se enteren que en África hay niños auténticos con cara de buenos se darán cuenta de que es lo que necesita la publicidad, mostrar una sonrisa real a pesar de la situación que estamos sosteniendo insosteniblemente, todo dicho sea de paso, y que, quizás, con solo el simple hecho de ir allí a fotografiarlos ya hagan mucho más que algunos que deciden manipular la información en pos de una mejora de la imagen de un producto. Aunque hoy en día "ya puedes salvar un niño Africano", y yo me pregunto, (con un sutil acento reiterativo cual tartamudo) Pero, ¿que cuántos hay?
Y no es más el bien que pueda hacer un rey que el que puedan hacer sus súbditos (nunca mejor dicho), y que no será mayor el ejemplo en una figura pública que en un marginado social, y que las preguntas retóricas sirvan o no para dar a entender con ironía la realidad de lo que está sucediendo y todavía sigamos aquí sentados sin hacer nada... si ya lo dijo Lennon en esa canción famosa en la que cantaba diciendo "We are doing what we can", quizás porque no haya otra forma salvo la iniciativa de cada uno para cambiar las cosas. Pero estamos muy cómodos desde nuestras casas sin saber tomar una determinada iniciativa a la hora de dar un pequeño giro al mundo.
Y que miraba mi ordenador nuevo, que se había parado, se había quedado colgando como aquel suicida que se le estropeó toda una vida de trabajo a la mierda por no tener copia de seguridad, y me tuve que ir al reloj de la cocina para saber si el mundo seguía rodando y, evidentemente, lo hace, sino no me habría ni podido desplazar según mis propias teorías. La inercia para con la gravedad del asunto está bien, pero para cambiar el mundo de sitio hace falta más que capacidad de atracción sino de dispersión y movimiento de labor social y humanitaria. Y que si se parase el mundo, quizás, probablemente, caería dentro de un agujero negro en ese mismo instante y adiós muy buenas, pero como hasta entonces seguiremos rodando por aquí, ¿será mejor conformarse con lo que nos toca vivir o protestar por cambiar las cosas a mejor?
Pues últimamente yo pienso más lo primero, válgame dios a pesar de todo, porque ya me quejo de lo que me toca vivir, ¿para qué cambiar la lucha de otro?
Y permítanme incluir una falacia de situación: si usted está en condiciones de andar y correr, y su primogénito que va en silla de ruedas no porque no se puede ni mover, ¿no le concederáis una rampa para que llegue hasta donde estás tú? Seguro que de aquí a unos años tú seguirás mejor, o en una condición física más favorable, y el otro solo vaya a peor. Quizás eso es lo que habría que cambiar. No sé si me siguen con la analogía.

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