domingo, 22 de noviembre de 2015

Un suicidio lento, asistido por las armas.

¿Saben lo que espero de la sociedad?
Espero que cuando no pueda más, esté en mi casa encendiéndome el último porro, me quede mirando en el reflejo de la pantalla de la tele apagada y al coger la escopeta para volarme los sesos por no poder más con nada, con mi día a día, ni con mis fines de semana de vagar perdido sin saber a dónde ir, salten las alarmas y me lleguen al móvil en ese momento una oferta de trabajo que podría estar perdiendo en el futuro, el mensaje de disculpas de alguna ex o la gracia de un comentario que hice a algún conocido alguna vez en la calle, tan solo el recuerdo, pedir algo que no es difícil de encontrar, pero sí difícil de captar. Y que como todo eso falla, porque evidentemente la sociedad no estalla ni reacciona ante una muerte, menos ante un suicidio, mas siendo la que asesina a gente o les presta las armas y cierra los ojos para que se maten, no puedo menos que imaginarme cogiendo el arma y pegarme un tiro.
Por suerte, en mi sociedad no hay armas, no hay.

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