lunes, 25 de abril de 2016

Cuando hasta el fiscal y el abogado de oficio son unos corruptos

La justicia es ciega, la democracia inexistente y los políticos corruptos, eso sí, éstos, por lo visto están haciendo (bien, según quién) su trabajo. Sin embargo, los fiscales y abogados de oficio, como me he visto últimamente envuelto por circunstancias que no vienen al caso, no solo no defienden ni se posicionan ante nadie sino que priman el dinero al sentido de la justicia, que más que ciega es sorda, manca y cojea del pie derecho.
Todo esto por no hablar de lo que es seguro que es la banca, otra cosa no salvo la creación de expectativas de trabajo mediante la media del cobro de un empleo proletario y coaccionado por el capitalismo y la falta de crédito, por no hablar de credibilidad, que parte y nace desde los propios políticos al pueblo, que aún así cumplen su papel de representar pobremente al paupérrimo pueblo.
Y es que la banca y la política están más unidas que nunca, de hecho se dan la mano, y parece que lo único que no escapa a su alcance es la justicia, motivada eso sí únicamente por intereses bancarios, digo económicos.
Hace nada pude oír por mi propio crédito algo a lo que no daba a entender cuando se me pedía tal cantidad más por mis expectativas de trabajo, que tenía y que dejé por motivos propios, que por la justa realidad. Cuando dejas un empleo por principios, el banco no entra en pérdidas, pero no da crédito cómo sus expectativas ante un "cliente" caen en picado y pasa a sobrevivir de sus ahorros (los del banco), mientras que sus cajas de ahorros de los que invierte se ven mermadas por su falta de criterio, de inversión y de redistribución lógica de capital.
Lo que es del pueblo para el pueblo... no para unos pocos.
¿Y qué pasa? Que estamos ante la mayor recesión de la historia. Pronto (de aquí a unos veinte años) especulo -sí, esa cosa que no se debiera hacer pero se hace y hoy por hoy es la única forma que entiende la banca de ganar dinero, creando burbujas- que de aquí a unos veinte años empezarán a morir las grandes fortunas, si no han muerto ya, y pasarán a formar parte de los herederos, eso sí, no vaya el problema a difuminarse o fracturarse entre los hermanos. Una herencia que quizá debiera ser de todos, salvo la cultura, que ya es de todos, aunque al parecer, según las industrias, no. Y pasa, y pasará, como en los antiguos reinos donde se partían y quebraban la estabilidad entre los descendientes.
¿Qué pasa con los accionistas y otros sino tan corruptos maleables empresarios honestos que han invertido su tiempo en las diferentes empresas? Pues, seguramente, que les despiden. ¿Y dónde deja a uno el capital público, invertido por todos? Pues, traspasado mediante transferencia o al portador de billetes gordos, en las manos ensangrentadas de los hijos de corrompidos y traficantes.
¿Y dónde está la democracia que lucha por sobrevivir y salir adelante como si nunca la hubieran dejado respirar? Pues luchando por su supervivencia... espero.

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